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Fernando España: La Salsa Que Vos Matais, Goza De Buena Salud

Tributo a los treinta años de Latinaestéreo

Autor: Notimúsica/miércoles, 2 de diciembre de 2015/Categorías: Notimúsica

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Fernando España

En el barrio hay, tres días de carnaval…

Johnny Pacheco

Me han convocado, coincidiendo con los treinta años de la fundación de la emisora Latinastéreo de Medellín, al “Gran plantón, no a la exclusión de la salsa en Bogotá”, organizado, al parecer, por quienes desde la radio comercial salsera bogotana "paradójicamente" han excluido a la “salsa” (el son, la salsa misma, el jazz latino y la música cubana) para dar oportunidades y beneficios a “placebos de apariencia salsera”, en detrimento del desarrollo de una cultura y un fenómeno complejos, atravesado por un “género de géneros” tan complejo como él mismo.

Luego de una breve reflexión, que más que efímera fue inmediata, he manifestado que en mi agenda no aparecerá mi asistencia a la convocatoria. Aprovechó la coyuntura para exponer, las razones de la negativa respaldada por una observancia histórica, y una posición crítica también de vieja data, y reforzada por el transcurrir del tiempo, al notar que el liderazgo que la radio comercial salsera debió asumir fue contrario en todo, para no decir que contraproducente, banalizando un fenómeno socio cultural que desde su gestación, en Cuba o Nueva York, o donde haya sido, superó la mera dimensión discográfica, instancia donde la radio comercial salsera se estancó, impotente, sin superar y entender que la salsa está “más allá de poner discos, invitar a la rumba, tomar aguardiente y ganarse unos pesos con ella”. Esta introversión en absoluta es mía, la exteriorizan investigadores del fenómeno en el planeta y reside en el espíritu mismo de una música que es más que “sólo música para oír y bailar”, empezando por las declaraciones de la máxima personalidad e icono más relevante de la misma, Rubén Blades, quién en junio del 2000 expresó: “Algunos piensan que la música no es más que un entretenimiento. Yo creo que también es una manera de comunicar ideas, de enfrentarnos a nuestros errores colectivos y/o individuales, de documentar nuestras acciones y esperanzas, y de presentar posibilidades de cambio”.

Estimo, dada nuevamente la coyuntura de cierre de un dial “salsero”, que es el momento de declarar en público como agente salsero “bogotano”: discjockey, socio de establecimientos de baile, programador y realizador radiofónico, productor de eventos, manejador de agrupaciones, co-fundador de emisora, bloguero, cronista, conferencista y miembro de la mesa de trabajo donde se proyectó el Festival Salsa al Parque, el certamen salsero más importante de la ciudad, mi pensamiento sobre la radio comercial salsera bogotana, de la que siempre expectante espere mucho, dado su poder de convocatoria, respaldo económico y pertenencia a cadenas de radiodifusión generadoras de opinión. Pero en especial, me manifiesto por ser uno más del numeroso público salsero existente en la ciudad, inconforme no sólo con el reduccionismo al que la radio comercial salsera sometió a la salsa negándola como fenómeno social y cultural, estético y sonoro, sino en la manera despectiva que trató a la música misma, haciendo gala de una desinformación, por no decir ignorancia, imperdonable en plena era de internet, siendo testigo, como cientos de salseros capitalinos de la abundante producción salsera -de todas las calidades- que circula desde hace más de una década en ella, mostrando que la salsa está viva, gracias no sólo a los músicos sino al masivo público inconforme que ha encontrado en el sector independiente, que iguala o quizá supera a la multimillonaria industria del entretenimiento discográfico -como lo corrobora Cali-, la respuesta a las necesidades vitalistas que la salsa (el son, la salsa misma, el jazz latino y la música cubana) suple y nos identifica.

En consecuencia, y por ahora, citaré tres razones que estimo sustanciales para no solidarizarme con el plantón:

La primera, repito, por la manera como la radio comercial salsera bogotana históricamente ha excluido de sus programaciones, y programas, a la salsa distinta a la promocionada por las multinacionales disqueras, especial a la distribuida por Sony Music, sacrificando, o enviando al ostracismo, al sector independiente, cuya circulación en internet es más que evidente, siendo el ámbito donde afortunadamente “los salseros” hemos sabido de la existencia de “buena música” sin necesidad de recurrir a las altas audiencias. Pongo en duda que los directivos y programadores de la radio comercial en absoluto se hayan enterado de la calidad técnica y/o expresiva de la salsa que rota en la “red mundial de información” para no incluirla con gallardía, responsabilidad y audacia dentro de las programaciones de las emisoras que “dirigen”. La sinrazón, como el sector independiente no paga cuota, ni invita a almuerzos, pues no se incluye, así dé “raiting”, que es la urgencia que siempre se aduce.

La segunda es por aquella entelequia que hace carrera en directivos y programadores, quienes como “loros” reproducen un prejuicio que de tanto repetirlo se hizo verdad revelada, absoluta e irrefutable. Aquella entelequia que repiten “a boca llena” sin detenerse a pensar que tan cierta puede ser: “está canción no es comercial, por lo tanto no podemos programarla”. ¡Hábrase escuchado algo más idiota! (Olvidan la historia que le sucedió a Blades con Pedro Navaja, el disco más vendido en la historia de la salsa, entre muchos otros casos, como lo sucedido con La Pantera Mambo, el mayor éxito de la salsa bogotana, impuesto por la radio universitaria). Y lo peor, cuando apenas han escuchado treinta segundos de una obra que dura aproximadamente cuatro minutos. Hay que ver la soberbia con la que se sentencia “sirve", "no sirve”. Claro que cuando está entelequia llega como objetivo de una multinacional discográfica en absoluto es puesta en duda: “Se pone sin ser escuchado, sin problema alguno, intermediando almuerzo”. Lo que sirve, lo comercial, al parecer, es la salsa monga, dada la programación que se escucha, ignorando, repito, a la salsa como fenómeno social, cultural, histórico, identitario, artístico y musical, e irrespetando a las audiencias en el libre derecho a ser informada y ser satisfacida en concordancia con la cultura, la historia y la sociedad. Una vez más, pienso que “aquello ‘de lo comercial’ como ‘lo del raiting’ es un embuste, ya que lo que importa es el billete inmediato, dé o no ‘raiting’, o ¿cómo se explica que pese a haberse programado toda la salsa comercial diseñada por las multinacionales hayan fracasado más de tres emisoras comerciales salseras en Bogotá?”. Por demás, urge saber ¿cuál ley de comunicaciones colombiana dicta que la radio criolla debe estar al servicio de las multinacionales del disco y no de sus artistas y ciudadanos?

La tercera, es la forma como con altanera arrogancia también los directivos de las cadenas radiales a las que pertenecen las emisoras comerciales salseras, excluyen de la dirección y asesoría a quienes realmente se han tomado la molestia gozosa de oír, estudiar, investigar, coleccionar, pensar y escribir sobre la salsa, el son, el jazz latino y la música cubana de ayer a hoy. Un medio de comunicación serio, responsable y consecuente en absoluto desprecia a los mejores hombres de una sociedad en cualquier tema, y menos en una época cuando la humanidad estima y urge de quienes con talento edifican la llamada “sociedad del conocimiento”. Los grandes medios en el mundo -como un ejercicio del conocimiento y la información, así como las empresas para un mejor rendimiento de sus inversiones-, cuentan con juntas directivas, consejos editoriales y/o comités asesores para diseñar políticas, trazar contenidos y proyectar metas económicas y comerciales. Un ejemplo que debería estudiarse es el modo como Latinastéreo en consenso, desde su fundación en 1985, tiene constituido un comité creativo que semanalmente se reúne para estudiar y evaluar las obras que rotan y rotaran en su programación, un ejercicio que le ha valido, no sólo sostenerse durante treinta años, sino mantenerse entre las quince más escuchadas de Medellín (de las treinta y dos existentes en FM), una ciudad habitada por dos millones de personas. La capital colombiana potencialmente, estimados sus ocho millones de pobladores, y con una diversidad étnico-cultural que supera con amplitud a la capital antioqueña, con seguridad daría para tener, mínimo, dos emisoras de salsa, bien manejadas y bien programadas, proyectadas en el concepto de barrio y su gente: alma de la salsa, “target” de la producción salsera y objetivo privilegiada de la emisora nacida en Envigado. ¡Es el desafío con tanta salsa buena y dura que se ha publicado desde los noventa a hoy! Bien lo dijo Blades, y lo enfatizo: “Mi música trata sobre la ciudad, sobre la gente, sobre lo que hacemos y lo que no hacemos, y sobre lo que yo espero que podamos hacer juntos por una sociedad sea más justa y un mundo mejor”.

Para la radio comercial bogotana tan engreída como autosuficiente, la salsa es música para borrachos, despechados y “sentimentalistas”, dejando la dirección y programación a personas con “bonita voz”, “personalidad festiva” y ponedores de discos. Discúlpenme, pero basta escuchar sus animaciones y “comentarios” para notar su supina ignorancia y alborotada conceptualización en materia salsera. En verdad, es incomprensible la forma como se excluye a personas como César Pagano, (José Arteaga), Mario Jursich, Sandro Romero Rey, Manuel Rodríguez, (Luis Viñas), Ángel Perea, Juan Martín Fierro, Mario Morales, Jorge A. Sánchez, Carlos Molano, (Gary Domínguez), Ismael Carreño, Rubén Toledo, Jaime Rodríguez, Jaime Velásquez, Jeannette Riveros, Bertha Quintero, Marcela Garzón Joya, Alexandra Colorado, Jaime Andrés Monsalve, Danny Rosales, German Villareal, Guillermo Segovia, (Diego Andrés Aranda), Carlos Aranzazu, Juan Pablo Varela, Jorge Villate, José “Chepe” García”, Boris Aguancha, Petrit Baquero, Guido Granadillo, Juan Carlos Escobar, Antonio Cruz, Manuel Durango, Enrique Sánchez, Rubén Darío Tafur, James Ortega, Javier Egas, Carlos Alberto Menjura, Yeisón Puentes … Y hasta los mismos Omar Antonio, Jota Fernando Quintero y Álvaro Quintero, sometidos a las políticas caprichosas y codiciosas de los propietarios y directivos de unas emisoras que ingresan a la historia de la radio salsera “sin pena ni gloria” en comparación a Latinastéreo -pese a los altibajos en su sostenibilidad económica y comercial, que superan con unidades de negocio: pauta, “merchandising”, eventos, producciones discográficas y alianzas-. En realidad, sino hubiera sido por las estaciones culturales, los programas especializados -como la tarde sabatina de U.N. Radio- e internet, donde sobresalen los inquietos blogueros caleños -Dj El Chino y Dj Hecu Ordoñez-, repetiríamos como “loros mojados” que “la salsa en todo tiempo pasado fue mejor”, consecuencia de tanta salsa "monga, refrita y romanticoide" promocionada por la radio comercial en sus horarios “prime time”.

Y este es sólo un grupo reducido de personas con acumulado salsero, de las muchas que residen o con influencia en la capital que bien podrían integrar un comité asesor, o varios en distintas emisoras, reuniéndose cada mes para aportar temas clásicos, éxitos recurrentes y novedades discográficas, y junto a los ejecutivos evaluar comentarios, críticas, encuestas, cifras, investigaciones de mercado y estadísticas con el objetivo de dar desarrollo, sostenibilidad y rentabilidad a la inversión radiofónica en una plaza curiosa, sensible y con tradición como Bogotá, que siempre copa los recintos donde se presentan artistas “duros” de la salsa, el son, el jazz latino y la música cubana no programados, ni promocionados sin pauta por la radio comercial salsera, la única responsable de su desaparición del dial, así como es la única responsable de la desinformación y el envejecimiento salsero que padece un altísimo sector de las audiencias de las músicas tropicales que padece Bogotá.

Cuanto me hubiera gustado acompañar el plantón en otras circunstancias, pero la radio comercial salsera se quedó corta de cara a la responsabilidad cultural, social, musical, formativa y de entretenimiento que los salseros bogotanos le conferimos, uniéndome con envidia sana al jubileo treinta de Latinastéreo, una emisora ya de culto, que bien quisiéramos los "bogotanos". Para clausurar esta reflexión en voz alta, digamos que la operación de las emisoras en Colombia es mayoritariamente privada, efecto de la concesión estatal, pero el espectro electromagnético por donde transitan los mensajes sonoros es propiedad de todos los ciudadanos, por lo tanto las emisoras están obligadas a ser responsables en sus contenidos, sean sociales y/o culturales.

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